Apenas 65 000 kilómetros de kilometraje total: en un Carrera 3.2, conocido por su solidez, eso no es tanto uso como una simple insinuación del mismo. Uno se sube al coche, mira el cuentakilómetros y se pregunta instintivamente si alguien ha interpretado el concepto de «conducir» de forma muy selectiva a lo largo de décadas.
Y sin embargo, ahí está, impecable, en blanco Gran Premio, como recién salido del catálogo, con el agradable efecto secundario de que no se trata de una ilusión impresa, sino de un automóvil real. La pintura original de fábrica (salvo en el capó delantero, debido a impactos de piedras) subraya esta impresión de forma impresionante: sin exageraciones estéticas, sin embellecimientos posteriores, sino exactamente la esencia que uno desea, pero que ya es tan difícil de encontrar. Que no haya sufrido accidentes se da casi por sentado en este contexto, pero merece la pena mencionarlo, por completitud y para mayor tranquilidad.
En el interior nos recibe el codiciado equipamiento de cuero parcial con rayas finas, una combinación tan típica de los años 80 que casi se espera encontrar por ahí una cinta con la música adecuada. Todo parece sorprendentemente nuevo, casi sin usar, como si durante años se hubiera acordado aquí más bien mirar que sentarse. El aire acondicionado está a bordo y listo para funcionar, un detalle que se sabe apreciar en esta categoría de conservación.
Técnicamente, este coupé pertenece a la versión más atractiva de la serie hasta 1986: la caja de cambios 915, en su última fase de evolución, se utiliza aquí con refrigeración de aceite independiente. Esto demuestra que Porsche supo aplicar de forma sensata la experiencia acumulada hacia el final del periodo de fabricación. Los recorridos de cambio son precisos, la mecánica armoniosa, como si se le hubieran quitado a la caja de cambios sus últimas peculiaridades con suave firmeza.
Los alerones delantero y trasero montados de fábrica se integran armoniosamente en el conjunto y le dan al coche ese porte deportivo que un 911 no necesita explicar. El conjunto se completa con las codiciadas llantas forjadas Fuchs de 16 pulgadas, que no solo tienen un aspecto magnífico, sino que, en cierto modo, son imprescindibles.
Antes de la entrega, este coupé se someterá a una inspección completa y se le montarán neumáticos nuevos. No por necesidad, sino por convicción, ya que un vehículo en este estado no debe recibir a su próximo propietario con cuestiones pendientes, sino con una sensación de confianza inmediata.
Lo que aquí se presenta no es un Carrera 3.2 cualquiera, sino un ejemplar excepcionalmente bien conservado, prácticamente intacto, que ha resistido el paso del tiempo con sorprendente serenidad. Un coche que impresiona menos por sus historias que por la ausencia de ellas —y precisamente por eso tiene mucho más que contar en cuanto se gira la llave
Para completar la información: entregamos el Porsche con una inspección completa que incluye el recambio de todos los líquidos de funcionamiento, incluido el aire acondicionado, todos los filtros, neumáticos nuevos y, por supuesto, con la inspección técnica y de gases de escape al día. Estos trabajos se realizarán en nuestras instalaciones tras la compra.
Con nuestros mejores deseos
El equipo de dls
Seguir leyendo