Lo esencial, y nada más
Nos encontramos con un ambiente familiar: hace poco ya tuvimos en nuestras manos un 996. Este es de otra índole, aún más sencillo. Autorradio, aire acondicionado y nada más. Sin PCM.
Esta sencillez no es una carencia de equipamiento, es una línea de conducta. Una pintura metalizada, asientos eléctricos, aire acondicionado y su caja de cambios Tiptronic. Y eso es todo. Y es lo que hace falta.
La Tiptronic: el malentendido
La caja de cambios automática ahuyenta. Siempre lo ha hecho. Quienes no la han probado la juzgan sin conocerla. Cinco marchas, no cuatro. Una mecánica que funciona, en un coche de más de veinticinco años. Y levas en el volante para quienes quieran divertirse.
Es un GT por excelencia: un coche fácil de conducir, capaz de llevarte hasta el fin del mundo, en un ambiente, al fin y al cabo, especial. Al fin y al cabo, estamos en un 911.
Al volante
A 120 km/h, el cuentarrevoluciones marca entre 2.000 y 2.600 rpm. Diez litros cada cien. Un nivel de ruido moderado a velocidades razonables, lo que hoy en día es importante cuando uno se desplaza de verdad. Hecho para circular aprovechando el par motor. Hecho para llegar lejos, sin consumir, conduciendo con suavidad y sin forzar.
Carrera 2: el 911 en su forma original
Una precisión que no lo es: sí, es un Carrera 2. Tracción a dos ruedas. Menos peso en la parte delantera, menos piezas en movimiento, menos mecánica y, por lo tanto, más fiabilidad. Un 996, evolución de los primeros 911, pero un auténtico 911: tracción a dos ruedas, como siempre lo han sido.
Nuestra posición en el mercado
Los automáticos se venden sistemáticamente más baratos que los manuales. Es un hecho. No tenemos ninguna intención de corregirlo, ni de plegarnos a ello. Nos situamos al margen del mercado, un poco al margen. Dado el carácter del 996, esta caja de cambios automática le va de maravilla.
El precio
En una gran empresa seria dedicada a los coches de segunda mano, los departamentos de compras y de ventas no se comunican entre sí: uno compra a un precio que considera adecuado, mientras que el otro estima un valor de mercado sin saber nada del coste, de la puesta a punto ni del mantenimiento. Nosotros procedemos de la misma manera, con una sola visión. Nos olvidamos del coste, nos olvidamos de lo que se ha hecho: el coche está listo, el coche tiene un valor de mercado.
Este destaca entre los demás: bajo kilometraje, en perfecto estado, procedente de aquellos primeros años de la electrónica de los que ya no queda casi nada. No hay que prever ningún gasto.
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